Han creado un monstruo

Juan Valiente

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Ahora ya va quedando bien claro el costo de la falta de renovación de los partidos políticos tradicionales y de todos aquellos que neciamente han decidido seguirlos apoyando a pesar de su corrupción, a pesar de su clientelismo, a pesar de poner sus intereses personales siempre antes que los del país, a pesar de no buscar el bien común. Aprovechándose tácticamente del rechazo y a veces odio a los políticos, especialmente a los diputados, un dictador en ciernes ha logrado colarse hasta el tope del poder en el país, poniendo a la República en riesgo.

No lo hubiera podido hacer si los partidos políticos hubieran entendido el famoso refrán de “quien siembra vientos, cosecha tempestades”. ARENA en sus 20 años en el poder no le apostó a fortalecer la institucionalidad hasta que con la llegada del FMLN cayó en la cuenta de la importancia del Estado de Derecho. Hasta cometió una increíble torpeza al bloquear los intentos de la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia para conocer en aquel momento aparentes indicios de enriquecimiento ilícito por parte del expresidente Francisco Flores.

Y luego viene el FMLN y en poco tiempo comienza a repetir similares patrones de abuso, corrupción y despilfarro. Defiende dictaduras como las de Venezuela y Nicaragua, a pesar de haber luchado precisamente contra una dictadura militar. La ideología enturbia la visión de país. Defiende al expresidente Mauricio Funes en lugar de permitir que enfrentara la justicia, y ahora al expresidente de la Asamblea Legislativa, Sigfrido Reyes. Dejaron a la gente con mucho resentimiento y sin opciones. Caldo de cultivo para que populistas y dictadores maniobren para su llegada al poder.

Los que creímos que todavía era posible el cambio habíamos perdido tres años valiosos luchando internamente por generar una dinámica genuina de renovación. Si tan solo en el año 2015, cuando identifiqué la planilla legislativa como un elemento estructural de la inoperancia y corrupción de la asamblea, hubiera contado con el apoyo para depurar las contrataciones de todos los partidos políticos. Me tomé el trabajo de escribirle a cada miembro de Junta Directiva de la Asamblea demandando que se revisaran a profundidad las contrataciones y que se procediera a eliminar lo antes posible a los activistas políticos, a los familiares, al batallón cobra. No se pudo.

Todavía recuerdo cuando Lorena Peña me reclamó por haber solicitado el listado de empleados de la Asamblea Legislativa y me dijo que lo que yo quería era incendiar la Asamblea. Nunca logró ver que el riesgo era pequeño si lo comparábamos con incendiar el país, que era lo que ellos estaban cosechando. Ahora nos enfrentamos con ese riesgo para el país, para la democracia y para nuestro futuro. Históricamente los pueblos en su desesperación pueden tomar malas decisiones como las de apoyar a un dictador o la destrucción de la democracia.

Afortunadamente ahora los ciudadanos cuentan con nuevas expresiones políticas como Nuestro Tiempo y VAMOS, instrumentos de participación donde los ciudadanos pueden encontrar la representatividad que esperan. Nuestro Tiempo es una opción de ciudadanos para los ciudadanos, un partido que le apuesta a la decencia en la función pública, un partido que espera que los mejores ciudadanos, mujeres y hombres, den el paso para dejar las graderías y participen en el partido. El Salvador sería un país diferente si tan solo lográramos garantizar la idoneidad de los servidores públicos. ¡Ahora es cuando todos los demócratas debemos unirnos en la defensa de la República!